La gallada: fuerza, travesuras y memoria

LA GALLADA: FUERZA, TRAVESURAS Y MEMORIA

En los pueblos ribereños del Pacífico se escucha hablar de “la gallada”: ese grupo etario juvenil que parece tener un pacto silencioso con la vida y con la comunidad. Hombres jóvenes, llenos de fuerza y entusiasmo, que crecen juntos, caminan juntos, se apoyan unos a otros y, a veces, hacen travesuras que dejan historias para recordar.

La gallada no se define solo por la edad, sino por la complicidad: siempre están juntos. Sus pasos resuenan sobre la madera de los muelles, las risas cruzan los ríos y los juegos son ecos que la comunidad reconoce y celebra. Algunas noches, se confabulan para robar gallinas, cocinarlas a escondidas y luego reírse y compartir el fruto de sus travesuras. Cada acto, cada broma, no es solo diversión: es un ejercicio de pertenencia y aprendizaje. Crecer en la gallada significa aprender a sostenerse entre pares, a compartir, a cuidarse y a ser parte de algo más grande que uno mismo.

Las comunidades recuerdan las galladas de décadas pasadas: aquellos jóvenes que ahora son adultos y que guardan en su memoria historias de desafíos, aventuras y camaradería. Cada generación revive esos recuerdos y los mezcla con los nuevos pasos de los jóvenes de hoy, creando un puente entre el pasado y el presente, entre la infancia, la juventud y la vida adulta.

Ser parte de la gallada no es solo estar físicamente en un grupo; es habitar un territorio de relaciones, afectos y experiencias compartidas. En la gallada se aprende la fuerza de la colectividad, la alegría de la amistad y la capacidad de superar los obstáculos juntos. Es un espacio de libertad, de identidad y de pertenencia.

La gallada es la sangre joven que recorre los pueblos ribereños del Pacífico, la energía que mantiene vivos los recuerdos y la esperanza de nuevas aventuras. Es memoria, juego, aprendizaje y resistencia: un territorio humano donde cada risa, cada travesura y cada paso compartido deja huella, recordándonos que crecer juntos es también aprender a sostener la vida de la comunidad.

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